domingo, 3 de agosto de 2025

Domingo de ciclovía #3

Aquí vamos con una nueva anécdota de ciclovía. Hoy me levanté temprano, acaricié a las gaticas mientras comían y luego me metí a bañar. Al salir de la ducha vi que mi novia ya estaba despierta, y Ella —la gatica pequeña— estaba encima de ella, dejándose acariciar. Ese es uno de sus planes favoritos. Roma, la otra gata, estaba al lado de la cama observándolas a las dos.

Me organicé y le propuse a mi novia que me acompañara. Ella se rió porque sabe que no le gusta ese plan. Yo tomé las llaves, el celular, y abrí la puerta para comenzar la aventura.

Vivo en un piso 26, y el ascensor tarda más o menos un minuto en llegar, más otro minuto en bajar. Saludé al portero y llamé a mi mamá. Aunque estaba dormida, no me dio pesar despertarla porque ya es parte de nuestra rutina: la llamo mientras camino hasta el Euro de Sabaneta. Durante el recorrido conversamos y acordamos que hoy almorzaríamos en su casa, acompañados de mi papá, mis hermanos, mi novia y mi suegra.

Al llegar al Euro, comencé mi rutina de estiramiento y abrí una aplicación que descargué para hacer seguimiento a mis ejercicios: la app de Nike. Me ha parecido muy práctica hasta ahora. Mientras calentaba, vi a un chico corriendo a gran velocidad, con toda la pinta de un corredor avanzado. Supe de inmediato que no era alguien a quien intentaría alcanzar, así que enfoqué mi atención en otros posibles "objetivos".

Vi dos parejas trotando a buen ritmo. Me propuse superarlos como parte de mi reto personal. Alisté la app, le di “Iniciar” y comencé a trotar. Me di cuenta de que había una cuenta regresiva de 3 segundos, así que me devolví un poco para comenzar desde mi punto habitual. Me gusta ser estricto con eso.

Comencé muy motivado, con la idea clara de superar mi tiempo de la semana pasada. Aunque había sido una buena marca, terminé muy cansado. Esta vez quería mantener un ritmo fuerte, pero más equilibrado. Antes de terminar las dos primeras cuadras, ya había superado a las dos parejas, sumando así cuatro adelantamientos rápidos.

Seguí trotando y antes de llegar a la estación de servicio Texaco ya había alcanzado a otra persona. Me di cuenta de que podría ser un gran día para marcar muchos adelantamientos. Salí más temprano de lo habitual; el día estaba frío y el piso mojado, pero el cielo despejado me animaba a continuar. Más adelante vi a otra pareja de amigos trotando a buen ritmo. Estaban lejos, pero me motivé a alcanzarlos. En ese intento me adelanté primero a una chica que iba sola y que, curiosamente, venía escribiendo en su celular mientras trotaba a buena velocidad. No sé cómo lo hacía. Yo no podría: entre leer y no caerme, creo que sería misión imposible. Ella fue mi sexta persona adelantada.

Como aún no habían terminado de poner todos los conos de tránsito en la ciclovía, tuve que prestar más atención al cruzar por la avenida Las Vegas, donde todavía transitaban vehículos. Opté por ir por la acera, donde hay una vía para bicicletas, pero no me gusta mucho por los desniveles, así que regresé a la avenida, pegado a la derecha y con mucha precaución.

Antes de llegar al cruce del semáforo ya había alcanzado a los dos corredores que me había propuesto como objetivos. Ellos fueron mis séptimo y octavo adelantamientos. Luego del semáforo aceleré el paso aprovechando que la vía va un poco en bajada hacia Mayorca, y ahí logré mi noveno objetivo.

Al llegar al primer puente de Mayorca, donde suelo hacer el retorno, me encontré con otra persona. Solo la alcancé, no la superé, así que no la conté como adelantamiento. Miré el cronómetro y marcaba 11 minutos con algunos segundos que no logré ver bien. Me emocionó porque en ocasiones anteriores ya pasaba de los 12 minutos en ese punto.

El regreso empezó con fuerza. Sentía que tenía energías para superar mi tiempo anterior y, además, me motivaba saber que ya había adelantado a muchas personas. Esto realmente me activa el ego. Creo que tengo un espíritu competitivo muy fuerte, y aunque en realidad no estoy compitiendo con nadie, en mi cabeza me monto la película… y eso me impulsa.

Al llegar nuevamente al semáforo del cruce peligroso, noté que ya habían puesto los conos de separación, lo que me permitió ir más tranquilo por la avenida, ahora reservada para deportistas. Seguí trotando y alcancé a mi decimo objetivo. A lo lejos vi a un señor vestido de naranja que recordaba haber visto antes de llegar a Mayorca. Me propuse alcanzarlo antes de llegar a la bomba Texaco, y justo en ese punto, lo logré. Once objetivos superados.

Ya casi llegando al Euro, donde finalizo mi recorrido, estaba muy motivado por ver mis resultados y conocer más funciones de la aplicación de Nike. Al detener el cronómetro, vi que había hecho el recorrido en 25:06, superando mi marca anterior. Además, descubrí que el recorrido tiene una distancia de 4,66 km y que mi ritmo promedio fue de 5’23’’.

Estos serán los nuevos números a vencer en las próximas ciclovías. Al final, mi verdadera competencia soy yo. Mi objetivo será seguir superando al Juan Fernando de la semana pasada. Ese será siempre mi mayor reto: superarme cada vez más.

domingo, 27 de julio de 2025

Domingo de ciclovía #2

Hoy me levanté alrededor de las 4:30 a.m. gracias a Roma, una de mis gaticas, que acostumbra a despertarme temprano para que la sobe mientras desayuna. Luego de consentirla, me senté a meditar un rato en el sofá. Sentí mucho frío y eso me dio algo de pereza para salir a la ciclovía, así que volví a acostarme. A eso de las 6:30 a.m. decidí finalmente levantarme. Como aprendí alguna vez en el libro Hábitos atómicos, bastó una acción pequeña para ponerme en marcha: buscar los tenis para trotar.

Me alisté, tomé el celular, las llaves y abrí la puerta. La primera en salir fue Roma, y luego Ella, mi otra gatica. Como es costumbre los domingos, las dejé salir un rato al corredor. Revisé que las ventanas estuvieran cerradas, y después de unos minutos, las hice entrar de nuevo. Pedí el ascensor y así comenzó mi salida del día.

Ya en la calle, saludé al vigilante que me abrió la puerta y llamé por celular a mi mamá. Conversamos un buen rato, como siempre, hasta que llegué al Euro de Sabaneta. Colgué con ella, me puse a estirar y fue ahí cuando vi mi primer “objetivo” del día: un joven con camiseta de El Nacional que pasó trotando cerca de donde yo estaba. Terminé mis estiramientos, tomé las llaves con la mano izquierda y el celular con la aplicación de cronómetro en la derecha. Inicié el cronómetro y comencé a trotar.

Salí con cuidado hacia la calle, pendiente de los carros. Ya no veía al joven de la camiseta verde, al parecer él iba muy rápido, pero entonces apareció otro objetivo: una chica que estaba a más o menos cuadra y media de distancia. La alcancé justo al llegar a la estación de servicio Texaco, donde oficialmente comienza la ciclovía. Primer objetivo cumplido.

Seguí trotando, esta vez a un ritmo más rápido que el del domingo pasado. Vi a un papá y a su hijo, cada uno en una bicicleta distinta. El niño tenía una bici pequeña y el papá, bastante atento, trataba de ayudarlo a montar sin que se cayera. Más adelante vi la camiseta verde de mi ahora segundo objetivo y eso me motivó a acelerar. Logré alcanzarlo justo al lado de la estación de servicio Primax. Dos objetivos en el bolsillo.

Llegando al semáforo donde cruzan los vehículos, tuve que apurar el paso para no detenerme y perder el ritmo. Esta aceleración me dejó bastante cansado, y sentí que podría afectar el resto del recorrido. Seguí trotando hasta el primer puente cerca del centro comercial Mayorca, pero no encontré más objetivos. Hoy la ciclovía estaba menos concurrida.

Al llegar al puente me devolví, como de costumbre, para comenzar la segunda etapa del recorrido: regresar al Euro. A lo lejos, vi a mi tercer objetivo: un hombre con saco y sudadera. Parecía fácil de alcanzar, así que aceleré. Justo cuando estaba por acercarme, él se desvió hacia la acera, donde una señora de un puesto de frutas le entregó un banano sin que él tuviera que detenerse. No vi que le pagara, lo cual me hizo pensar que es un visitante frecuente de la ciclovía. Y no estaba equivocado.

Aunque intenté alcanzarlo, él mantenía su ritmo y no lograba acortar la distancia. Me propuse alcanzarlo antes de llegar de nuevo a la bomba Texaco, donde inicia la ciclovía, y apreté el paso. Me faltaban unos 10 metros, pero las piernas no me daban más. Estaba agotado, la respiración entrecortada, y tuve que rendirme. Me dio tristeza no lograrlo, pero acepté el esfuerzo y seguí disfrutando del recorrido, esta vez más cansado que el domingo anterior.

Revisé el cronómetro y me sorprendí: llevaba menos tiempo que hace ocho días. Así que mi nuevo objetivo fue llegar antes de los 27:05,97 minutos que hice la vez pasada… y lo logré. Llegué en 25:55,88. Fue una mejora significativa, aunque aún no alcanzo mi mejor marca personal en este recorrido.

Terminé frente al Euro, satisfecho porque esta vez nadie trotando me superó pero quedé muy agotado. Sé que tengo un gran reto para la próxima salida, porque esta vez llegué realmente cansado, y no me quiero imaginar cómo terminaré si intento superar el tiempo otra vez. Pero bueno… esa será otra historia por contar.

domingo, 20 de julio de 2025

Domingo de ciclovía

Hoy, después de escribir mi primer post en este blog, me organicé para salir a hacer mi rutina dominical en la ciclovía de Sabaneta. Parte del ritual es llamar a mi mamá, saludarla y preguntarle cómo están las cosas por allá. Ella vive con mi papá y mi hermano menor a unos 20 minutos en carro desde mi casa. Esta vez la invité a acompañarme, pero no pudo venir. Me dijo que estaba cansada y algo trasnochada… yo le sumé a eso unas ganas de quedarse en cama, muy propias de domingo.

Después de colgar con ella, tomé las llaves y el celular. Una vez salí sin esos dos y fue un lío: mi novia también había salido y me tocó quedarme por fuera un buen rato. Desde entonces, llaves y celular son indispensables.

Tengo dos gaticas que aman salir al corredor cada vez que abro la puerta por la mañana. Hoy no fue la excepción: las dejé salir un rato antes de irme a trotar. Salí a las 7:00 a.m., saludé al portero y me fui caminando hasta el Euro de Sabaneta. Ya a esa hora hacía bastante calor, y todo indicaba que sería una ciclovía calurosa.

Al llegar al Euro, estiré piernas, cuello y brazos. Justo pasó una pareja trotando y de inmediato se convirtieron en mi primer objetivo: los iba a alcanzar. Les di ventaja mientras terminaba de estirar. Puse el cronómetro en la mano derecha, tomé las llaves en la izquierda, y comencé a trotar.

El recorrido lo hago por la Avenida Las Vegas, comenzando en el Euro. La ciclovía como tal empieza desde la estación de servicio Texaco, que está a unas cuatro cuadras del Euro. En ese tramo inicial hay que tener cuidado porque algunos vehículos aún circulan, y trotar por la acera no es cómodo: es estrecha, hay muchos peatones y algunos desniveles.

Llevaba unas pocas cuadras cuando vi a la pareja a lo lejos. Me motivé a alcanzarlos y justo lo logré al llegar a la estación Texaco. En mi mente, marqué mi primer objetivo cumplido.

Ya en la vía exclusiva de la ciclovía, hay que tener cuidado con los ciclistas que suelen ir más rápido y adelantar por la izquierda. Por eso, troto siempre un poco inclinado a la derecha. Pronto apareció mi nuevo objetivo: un señor trotando a buen ritmo más adelante. Mientras lo alcanzaba, sentí detrás de mí la respiración de alguien que se acercaba. No me gusta que me rebasen, así que aceleré… pero no fue suficiente. Me pasó un corredor con uniforme de maratón, buenos tenis y medias largas. Pensé: “Este tipo está a otro nivel”, y dejé que siguiera.

Sin embargo, logré alcanzar al señor que me había propuesto y mentalmente marqué: 2 alcanzados, 1 que me rebasó.

Seguí trotando y pasé a un grupo de chicas que conversaban mientras trotaban, pero no las conté como objetivo. Se notaba que iban más en plan de charla que de ejercicio. En el camino, vi a varias personas organizando sus puestos de venta, y recordé un proyecto que tuve con mi hermano: queríamos vender jugos ecológicos en la ciclovía. Nunca lo hicimos. Creo que nos ganó la pereza de madrugar un domingo. Era una buena idea… tal vez algún día la retomemos.

Admiro a quienes sí lo hacen. Levantarse antes de las 6:00 a.m. un domingo y activar el chip emprendedor no es poca cosa. También vi varios restaurantes ya abiertos. El olor a arepa con mantequilla y huevos revueltos me abrió el apetito y me motivó a terminar más rápido para llegar a casa a desayunar.

En el recorrido hay un semáforo peligroso, donde los vehículos cruzan y hay que estar atentos a la señal de los agentes de tránsito y de los instructores del Inder. Ese semáforo se convirtió en mi siguiente objetivo: no me gusta quedarme esperando. Cuando vi la cuenta regresiva marcando 22 segundos y yo estaba a más de una cuadra, aceleré. Crucé justo a tiempo, mientras el instructor daban la señal de pare a los que venían detrás.

En esa acelerada pasé a varias personas, incluso ciclistas, aunque no alcancé a contarlos porque mi mente estaba enfocada en la cuenta regresiva.

Desde ese punto hasta una cuadra antes de Mayorca, la vía se reduce y se comparte con vehículos, así que hay que tener aún más precaución. Mi recorrido llega hasta el primer puente del centro comercial Mayorca. Faltando unos 200 metros, vi a una chica trotando con un perrito en dirección contraria. Se convirtieron en mi nuevo objetivo. Me llevaban una ventaja de al menos 400 metros. Al llegar al puente, giré y comencé el regreso hacia el Euro, donde había empezado todo.

Me percaté que no veía mi nuevo objetivo, y eso me motivó aún más. De nuevo, sentí que alguien me alcanzaba. Intenté mantener el ritmo, pero no pude. Era el mismo chico con uniforme de maratonista que ya me había pasado antes. Supuse que él había bajado un poco más, quizá hasta la glorieta. No me gustó que me hubiera rebasado dos veces sin yo haberlo rebasado una sola. Ese tipo de cosas hieren mi ego de deportista.

Seguí y vi el semáforo, esta vez en sentido contrario. Aquí no hay cuenta regresiva, así que toca adivinar el cambio observando el flujo de los carros. Lo logré cruzar sin tener que esperar. Justo después, vi de nuevo a la chica del perrito: aceleré y los alcancé. Recuperé el honor. Ya eran varias personas las que había superado.

Más adelante vi al chico de maratonista, ahora caminando. Sentí alivio: era mi oportunidad. Lo pasé y celebré con un grito silencioso. En mi mente dije: “A los corredores pacientes hay que respetarlos”. No se me puede faltar al respeto así en una ciclovía, jaja.

Mi ánimo se elevó y terminé el recorrido a buen ritmo. El cronómetro marcó 27:05:97 al volver al Euro. He hecho este trayecto en mejores tiempos, pero debo aceptar que este no ha sido mi momento más deportivo. Estoy retomando esta práctica, y quise compartirla en este blog.

¡Hasta la próxima!

Hoy comienza la aventura

Hay algo especial en sentarse frente al computador y dejar que los recuerdos se deslicen por los dedos hasta convertirse en palabras. Hoy decidí hacerlo. Hoy, por fin, me atrevo a comenzar algo que había postergado por miedo, por pena, por procrastinación… pero que siempre ha estado ahí: el deseo de contar mis historias de viaje.

Escribir me está resultando terapéutico. Es como si reviviera cada paso, cada sonrisa, cada descubrimiento. Hoy quiero dejar plasmado aquí no solo lo que he vivido, sino lo que sueño vivir. Mi gran sueño es recorrer el mundo, vivir viajando, saboreando la vida en cada rincón, con la tranquilidad de saber que cuando llegue mi momento final, podré decir: valió la pena.

Hoy soy un empleado feliz, agradecido con Dios por lo que hago y por las personas con las que trabajo. Pero sería aún más feliz si pudiera dedicar mi tiempo por completo a explorar el mundo. Tengo muchas historias por contar —quizás más de las que imagino— pero mi reto ahora es empezar con las primeras 100. Después veremos si la vida me da unas cuantas más.

He tenido una vida bendecida. Como todos, con altibajos, pero reconozco que los "altos" han sido mucho más frecuentes. De hecho, justo ahora estoy atravesando una situación familiar que, aunque difícil, sé que se convertirá en una de las historias más emocionantes que relataré. Como asesor financiero, suelo comenzar mis conversaciones preguntando a las personas por sus sueños. Les digo que ese debe ser su norte, la dirección hacia donde deben apuntar para que el camino se haga más claro. Pero mientras les hablo de eso, una voz interna me pregunta: ¿estás haciendo tú todo lo necesario para cumplir el tuyo? Y la respuesta, aunque me incomoda, es no. Pienso más de lo que actúo. Planifico más de lo que ejecuto.

En tres meses viajaré por primera vez a Europa. Llevaré la maleta lista para llenarla de historias, de memorias, de aprendizajes. Esta será la experiencia más cercana que he tenido a luchar por mi sueño. Y me emociona. Pero también reconozco que me falta un poco más de valentía.

Aún no me atrevo a renunciar a mi trabajo, aunque ya me estoy preparando financieramente para dar ese paso. Sin embargo, ese pensamiento constante de “me falta un poco más” me asusta… porque temo que ese “poco más” se convierta en una excusa interminable, y se me pase la vida sin vivirla como realmente quiero.

Por eso este blog es importante. Porque al escribirlo, me estoy comprometiendo. Me estoy siendo sincero. Estoy dando un primer paso.

Disfruto de las buenas compañías, de una conversación honesta, de reírme con ganas y —¿por qué no?— de probar una buena cerveza en cada destino nuevo que visito.

Ahora mismo, mientras escribo esto a las 6 de la mañana, estoy contemplando una vista hermosa que me recuerda por qué vale la pena vivir. Esta es la primera historia de muchas. Hoy, oficialmente, comienza esta nueva aventura.

Bienvenidos. 🌍✈️🍻 ☀

Domingo de ciclovía #3

Aquí vamos con una nueva anécdota de ciclovía. Hoy me levanté temprano, acaricié a las gaticas mientras comían y luego me metí a bañar. Al ...